JUDÍAS TOLERANTES A LA SEQUÍA
Las leguminosas pueden aprovechar el nitrógeno atmosférico gracias a la asociación simbiótica con bacterias que forman unas protuberancias en sus raíces, donde el nitrógeno del aire se convierte en amonio. Este proceso se denomina fijación biológica de nitrógeno y es muy sensible a la sequía. Científicos de la Universidad de Córdoba inician un estudio para obtener cultivos de judía donde se optimicen tanto la asimilación del nitrógeno atmosférico como la tolerancia al déficit hídrico.
La judía común, Phaseolus vulgaris, es una de las leguminosas más cultivadas del mundo.
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La enorme utilidad de este cultivar radica en el alto contenido proteico de sus semillas, unido al hecho de que es una planta capaz de conseguir la mayor parte del nitrógeno que necesita para su crecimiento, gracias a la simbiosis con bacterias fijadoras de nitrógeno, las rizobacterias. La fijación biológica de nitrógeno, que tiene lugar en los nódulos de las raíces de las leguminosas, constituye un proceso de gran interés agronómico y ecológico, puesto que el nitrógeno es, junto con el agua, el nutriente más limitante del crecimiento vegetal y, por tanto, de la producción de los cultivos.
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